

| Las vacaciones de Navidad han sido un buen ejemplo de lo bien que funciona la relatividad cuántica. Y lo digo porque se me han echo, en cuantía de horas, las más cortas de mi vida. Ha sido un poco agobiante eso de verse midiendo el tiempo para poder repartirse entre amigos, (un saludo muy fuerte a los Gambóa que me los he dejado en el tintero por desgracia), familia (con mi abuela más abuela que nunca, ya veremos...) y novio (encantador, como siempre, y más solícito que nunca). El asunto es que así que vinieron, se han ido las vacaciones y estoy otra vez en Ulm intentando terminar esta carrera que tan pronto me dá satisfacciones como me lleva por el camino de la amargura. Lo bueno es que los papeleos erasmus parecen haber llegado a su fin con buen término y lo que resta (como si no fuera gran cosa) es aprobar todas las asignaturas. Pero esta me la termino yo como sea, aunque tenga que usar el llanto femenino tan socorrido ;). Bueno, ya os iré contando lo que pase por aquí, pero este periodo pienso estar más centrada y menos juerguista. En una foto podéis ver un árbol de Navidad que no se ha visto más cargado en su vida y en la otra el modelito tradicional alemán que me puse en Nochevieja. |
Se me había olvidado ponerlo, pero hace como un mes hicimos una maxichocolatada en la habitación de Lidia. Nos fuimos el sábado temprano al mercado que ponen debajo del Münster y compramos fruta. La verdad es que es de muy buen calidad y esta a un precio inmejorable para lo que es Alemania. Compramos más de un quilo y medio de chocolate para fundir y muchísima fruta: manzana, pera, melón, naranja y plátano. Lo pelamos todo, lo cortamos en pedacitos y con un tenedor lo mojábamos en el chocolate al estilo founde. Nos quedó delicioso. Esa noche fue buenísima, y tengo una foto de Cecilia toda manchada de chocolate que merece la pena, lo que pasa es que no estoy autorizada a publicarla por internet XD.
| Ayer por la noche nos reunimos todos en una cocina de la Gutemberg a comer pizza, yo hice dos tortillas de patatas que cayeron enseguida y Sezén hizo una especie de bizcocho turco bastante bueno. Era la despedida porque muchos se van este fin de semana a casa, y los que quedan nos vamos la semana que viene, que ya tenemos ganas de ver al novio y a la familia. Pues allí las pizzas salían del horno sin dolor, creo que me comí unas dos pizzas yo sóla, con patatas mojadas en salsa, sangría, cerveza (como no) y probé un poco de amareto, un licor italiano que sabe muy dulce. Con zumo de naranja está muy bueno. Pero de ahí si que me volví prontito, menuda carrera nos dimos Cecilia, Sezén y yo para llegar a Theater a la 1:30 y pillar el autobús. Pero bueno, hay que descansar también, que tanta fiesta no puede ser. |
La foto sale fatal, pero es la única que tengo: Pues nada más venir cargadas de bolsas del mercado de Navidad, tuvimos, Lidia, Cecilia y yo, que ir a la Uni para comprar la entrada de la fiesta de esa noche, que consistía en pagar 3 E y te ponen un sello invisible en la mano que sólo se revela con la luz esa blanca de las discotecas. Después fuimos a una Pizzería que hay enfrente de la Heilmeyer y Ceci nos invitó a pizza. (Por cierto, el Alemania "peperoni" significa pimientos picantes, que los he sufrido en mis carnes). Luego fuimos a cambiarnos de ropa y llegamos a la fiesta a eso de las 11 de la noche. Estuvo bien porque había sitio donde removerse, la gente que quería fumar se iba fuera, y hasta pusieron los Beach Boys. Yo bebí una mezcla de fanta naranja con cerveza porque desgraciadamente no había Radler. Al final nos fuimos a las 3 en el bus gratuito que la uni nos proporcionó. Pero al llegar a Heilmeyer muchos tenían hambre y nos fuimos al piso de Cecilia a que Tiziano nos cocinara unos espaguetis buenísimos. Luego un cola cao y a las 5 a la camita, lo que se dice una buena noche. |
En contra de lo que se pueda pensar debido a que Nürnberg es más grande, el mercado de Navidad de Ulm no desmerece para nada. La verdad sea dicha: es un poco pequeño, pero lo compensa de sobra al estar situado bajo la imponente sombra de la torre gótca más alta del mundo. Es como un mundo aparte, un corral de madera que tiene casetas dentro, cada cual más atrayente. Ahí tienes el Glühwein, allí el Apfelküchle (como un gofre de manzana pero con forma de torta), allí gofres, un poco más allá fruta confitada y por supuesto muchas salchichas y chucrút (que me he enetrado recientemente que es "typischerweise Deutschland" ). Podría considerarse que ese es el mayor atractivo del mercado ya que alrededor de esas casetas se amontona el grueso de la gente. Pero también hay una banda en directo al pie del Münster, casetas de artesanía en madera, belenes, tiendas de miel, velas, y hasta de cristal, con el añadido de un taller de soplar cristal donde te enseñan maravillas. El el centro hay un gran árbol con muchíiiiisimas luces y al pie de este un belén a tamaño natural con un burro y obejas de verdad. La verdad es que te dejas las perras porque no es barato precisamente, pero es el sitio perfecto para comprar algunos regalillos de Navidad para llevar a los tuyos. Estos alemanes serán lo raros que tú quieras pero saben hacer las cosas.
Bueno, todavía no he visto la nieve cuajada en el suelo porque este invierno se resiste a venir en el sur de Alemania, pero ya puedo decir que he visto hielo. El martes pasado fuimos una porrada de erasmus a patinar, y después de una pequeña trampa en la entrada, gracias a la cual entramos casi gratis, nos dimos cuanta de que era la "Happy Hour" y sólo pagamos 2.50 E por alquilar los patines dos horas. Fue muy divertido. También me dí cuenta, pero eso era algo normal, de que he olvidado todo el patinaje artistico que aprendí de pequeña, y que estoy muy fofa. Me caí por lo menos tres veces, pero no me hice daño porque, eso sí, a caer con el culo también hay que saber. La verdad es que la mayoría éramos muy novatos, pero nadie tuvo ninguna caída de gravedad, aunque creo que la rodilla de Pepe Toni no volverá a ser la misma en mucho tiempo. Al día siguiente muchos tenían agujetas, pero curiosamento yo no. El asunto es que nos hemos enamorado del hielo y queremos más. Aunque en Murcia poco hielo hay, algún día tendré que llevarme a mi novio a las pistas de patinaje de Elche a hacer el singuango un rato.
En Alemania son muy comunes los mercados de Navidad, sin ir más lejos en Ulm tenemos uno al pie del Münster. A decir verdad todavía no he ido, pero en breve planeo ir. Pues bien, el mercado de Navidad de Nürnberg es el más famoso de Alemania. Allí he pasado el día y es precioso. Está al pie de la iglesia que veis en la foto. Hay un montón de puestos como de madera con diferentes cosas, artesaní en madera, bolas navideñas y otros artículos de cristal, juguetes nuevos y antiguos (había un puesto especial sólo para “Playmobil”), salchichas (cómo no, después de todo estamos en Alemania) y Glühwein, que es un vino caliente con aroma de canela que te quita el frío del cuerpo. Está muy sabroso y realmente calienta que parece mentira. Había tantas cosa bonitas que uno no sabía donde mirar. Había hasta una banda de música tocando en directo villancicos españoles (seguro que se habían enterado de que yo iba, jajaja). Si tenéis la oportunidad de ir no os lo perdáis, había tanta de gente que casi no se podía andar por la calle, pero supongo que entre semana estará más calmado. Las cosas de artesanía son un poco caras, pero el Glühwein y las salchichas están a un precio de risa y te lo pasas en grande.
| La ciudad de Tübingen se encuentra cerca de Stuttgart hacia el sur. Es una ciudad muy pequeña y prácticamente un tercio de la población son estudiantes. Pasear por ella es como estar en un perpetuo casco antiguo y tiene mucha vida nocturna con jóvenes por aquí y por allá. Nosotros nos alojamos en un albergue juvenil bastante bueno cerca del rio. Pero lo que no me gustó de la ciudad es el olor. Desde que nos bajamos del tren hasta que nos fuimos no nos abandonó el olor a cloaca de Tübingen. El rio es precioso y la ciudad tiene mucha historia. Los estudiantes de Tübingen nos llevaron a una visita turística por la ciudad y nos contaban un poco de cada sitio. Parece ser que un tal Ebrehart es el patrón de los estudiantes de la ciudad. Tiene una iglesia bonita del gótico tardío, un ayuntamiento muy decorado, al estilo alemán y un castillo en lo alto donde han ubicado la universidad. Parece que priman las carreras de letras. Luego fuimos a visitar el monasterio/castillo del último rey de Baden-Wurtemberg, allá por principios del siglo 20, con electricidad en todo el castillo. Muy moderno. Pero para mi gusto esos reyes estaban obsesionados con la caza. Me agobié un poco con todos esos animales muertos colgando de las paredes. El monasterio es precioso, en la foto podéis ver el claustro. Nos guiaron por él en una visita de unas dos horas y media sin comer nada y casi nos desmayamos, pero mereció la pena. Tiene una capilla muy bonita y el comedor de los monjes es impresionante. Es interesante de visitar pero la próxima vez que lo organicen mejor porque el domingo nos hicieron levantar a las 8 para luego estar hasta las 12 sin hacer nada. Estos alemanes… |

La verdad es que no acostumbro a celebrar Halloween. Es una fiesta más Estadounidense que otra cosa y no le veo mucho sentido. Pero aquí en Alemania la gente lo prepara en grande con calabazas en las puertas de las casas, escobas, brujas…
Bueno, el caso es que íbamos a una fiesta de Halloween y se te plantea el típico dilema: ¿De qué me disfrazo? Lógicamente toda la gente elige disfraces diabólicos, de fantasmas, vampiros… pero yo estaba un poco harta de esa publicidad que dice que si eres bueno no te lo pasas bien y que tienes que ser malo para disfrutar de la vida. Así que decidí ir contracorriente (como no) y me disfracé de ángel.
Me costó horrores hacer las alas, las hice yo misma con una especie de cartulina blanca, un alambre de metal para darle consistencia y plumas de verdad. También me hice una aureola con un aro de metal forrado de una tira de tela blanca de adornos.
El resultado fue estupendo. ¡Todo el mundo quería tocarme las alas! Sezen se disfrazó conmigo también, aunque el disfraz se lo hice yo, y aquí nos tenéis a las dos. Nuestro disfraz fue el más logrado de toda la fiesta y el que más llamó la atención. Y que se fastidien los que creen que los malvados ganan siempre…
Villa Eberhart es una antigua casa señorial que la universidad de Ulm compró y restauró. El día 13.10.06 todos los alumnos erasmus estábamos convocados a una reunión allí obligatoriamente. La verdad es que lo primero que pensé es que sería una completa pérdida de tiempo, pero no lo fue tanto. El seminario consistía en una serie de charlas sobre tediosa burocracia, créditos, equivalencias, el sistema de clases de alemania y lo más importante el Kultur Shock. El asunto es que cuando nos vamos a pasar un tiempo en el extranjero al principio todo va bien y experimentamos un subidón. Pero al empezar las clases y el mal tiempo empezamos a pensar que la cultura extranjera es peor que la nuestra y como las cosas no nos salen bien porque estamos acostumbrados a hacerlas de otra manera que podemos experimetar una depresión. Pero debemos saber lo que nos pasa para controlarlo. Al final cuando hemos superado esa etapa se supone que ya somos más maduros y que podemos integrarnos fácilmente en cualquier cultura. Comimos en un griego por 8.50 euros, muy interesante. A media tarde nos dieron un cafe aguado con pocas pastas, con las naturales consecuencias para mi aparato digestivo. Terminamos tarde y nos fuimos a casa.
Desayuno bufet en el Hotel Luitpold, una delicia para los sentdos. Es en una pequeña sala adornada con maderas y cortinas de colores suaves y agradables. Había de todo: varios tipos de pan, queso, mantequilla, fiambre, fruta, yogurt, café, leche, muesli, tres tipos de mermelada, té... y las camareras te servían con el traje tradicional bávaro. Vamos que nos pusimos como auténticos cerdos. Después decidimos dejar la habitación y tras recoger un poquito y asearnos fuimos a dejar la maleta en la consigna de la Hauptbahnhof y ya estabamos listos para ver Munich.
No tuvimos mucho tiempo porque José Andrés debía coger el avión a eso de las 16.30 h, así que decidimos ir a unos de los "Walking Tours" organizados para conocer la ciudad de Munich. Quedamos en la Marienplatz a las 10 y allí encontramos a nuestro guía, un tipo calvo que hablaba en inglés. Nos llevó andando por un montón de calles, y la verdad es que Munich es precioso. Tiene muchas construcciones antiguas y las belleza de sus edificios es inigualable.
El tour terminó 2 horas y media después, y nos dejó justo al lado de la giptoteca. Yo jamás en mi vida había oído hablar de algo así, pero José Andrés me dijo que en aeropuerto había visto propaganda de eso y que parecía de esculturas. Entramos, y efectivamente era de esculturas. No es muy grande pero merece la pena porque están muy bien conservadas.
Después de eso eran las 14 y mis pies y mi estómago estaban pidiendo pista. Así que fuimos (andando, cómo no) a la Hauptbahnhof otra vez y allí comimos algo rápido en un Burger King. Cogimos la maleta de la consigna y tomamos el S8 hasta el aeropuerto.
Nos costó un poquito encontrar la terminal de facturación de Air Berlín. Pero al final llegamos. Aquello estaba más abarrotado de gente que un tren a Munich en plena Oktober Fest. Así que tuvimos que esperar de pie otro rato muy largo. Al final todo bien, encontramos la puerta de embarque y m novio se fué de vuelta a su casa.
Yo cogí otro S8 a Munich y de allí un regional hasta Ulm. Llegó mi novio antes a España que yo a Ulm, pero así están los transportes.
| El lunes nos levantamos temprano para coger el tren de las 10 a Munich. Tal cosa no hubiéramos hecho, ya que el tren estaba abarrotado de gente que como nosotros iba a la oktober fest. El ambiente no era demasiado bueno, gente bebiendo y esas cosas, y al final llegamos tarde a Munich. Fuimos directamente al Hotel Luitpold, nos presentamos en recepción, nos dieron nuestra llave y subimos a la habitación. Pequeñita y acogedora, nada de lujos pero sí pequeñas comodidades como tele, dos camas juntas, un edredón para cada uno y dos almohadas. Nos aseamos un poquito y nos fuimos a la oktober a comer pollo, brezel, y por supuesto a beber cerveza. |
Estabamos cansados del día anterior así que nos levantamos tarde y nos fuimos a la universidad. Porque allí podíamos tener acceso a internet y porque quería enseñarle que realmente se parece a "Silent Hill". Fuimos andando por un camino alternativo que transcurría por el medio del bosque, la verdad es que en esto Ulm es precioso. El camino duró 30 minutos y hubo una zona un poco peligrosa llena de barro resvaloso, pero al final llegamos a la mensa. Pero ¡sorpresa! la puerta de a mensa (cafetería de la universidad) estaba cerrada. Así que dimos unas vueltas buscando otra puerta. La encontramos y nos metimos en una PC-pool (salade ordenadores) que estaba completamente vacía, como el resto de la universidad.Decidimos que, como ida y vuelta Ulm-Munich nos salía a 100 euros, podríamos buscar un hotel barato en Munich para pasar la noche del 2.10 al 3.10. Encontramos el hotel Luitpold de tres estrellas a 88 euros la noche en habitación doble con desayuno bufet incluido y lo reservamos. Además está muy cerquita de la Hauptbahnhof.
Paseamos por el casco antiguo de Ulm con su muralla para contener al Danubio, vimos casa típicas con alucinantes pinturas y relojes móviles y estuvimos a las orillas del Danubio disfrutando del paisaje. Pensábamos coger un barco turístico para dar una vuelta por el Danubio, pero al final llovía mucho y el barco no pasó.
Esa noche estuvimos esperando para ver si podíamos comer en una terracita muy chula con antorchas que hay al lado del Münster, pero estaba cerrada y tras buscar una terraza mejor sin éxito, volvimos a nuestro adorado BarfüBer a cenar un pedazo de platanco.Y pronto a la cama que a la mañana siguiente teníamos que coger el tren a Munich.